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AHORA QUE TENEMOS TIEMPO. LO QUE EL COVID-19 NOS HA DADO

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AHORA QUE TENEMOS TIEMPO. LO QUE EL COVID-19 NOS HA DADO

REFLEXIONEMOS SOBRE LO QUE ES REALMENTE IMPORTANTE

 

Nos encontramos ahora mismo ante una situación difícil, desconocida, nunca vivida. Estamos confinados en nuestras casas sin saber exactamente cuánto durará, cuánta gente enfermará o morirá. Vemos con frustración cómo se propaga la enfermedad y nos ofrecen estadísticas frías que, en realidad, se corresponden con personas. Personas que son como nosotras y que se han enfermado o han fallecido. Son padres, abuelos, hermanos o hijos de otras personas que están sufriendo esta enfermedad o sus consecuencias en sus casas, solos, sin el apoyo de los suyos. En estos tiempos donde la tecnología nos regalaba inmediatez, compras online, comunicación vía Skype, redes sociales llenas de amigos virtuales, lo que en realidad nos estaba quitando era nuestra seña de identidad como humanos, la socialización. Ningún humano puede ser feliz sin ser social, sin compartir su alegría o tristeza con un allegado, sin abrazar a su hijo cuando algo le sale mal, sin darle la mano al abuelo que siente miedo cuando lo llevan al médico. Creo que esta era de la digitalización nos ha hecho más eficientes, sí, pero también más inhumanos. Creo que para ser más felices necesitamos sentir más a los demás, no por Skype, no por Whatsapp, sino de verdad, junto al otro. Necesitamos poder mirar al prójimo a la cara y preguntarle si le podemos ayudar, darle un abrazo si lo necesita o cogerle la mano si tiene miedo.

Ahora que tenemos tiempo, tiempo que el COVID-19 nos ha dado, creo que deberíamos pararnos a reflexionar sobre lo importante, sobre nuestras relaciones humanas. Todos tenemos hijos, cónyuges, hermanos, padres o abuelos y aún estamos a tiempo, de hecho, tenemos mucho tiempo. Reflexionemos de qué forma, cuando esto acabe, podemos volver a acercarnos a ellos, a quedar a tomar un café y charlar, a llevarle unos dulces al abuelo o a visitar a ese pariente que hacía tanto que no veíamos. Podríamos llamar a ese amigo del que nos habíamos distanciado por un malentendido o porque tenía otro punto de vista diferente al nuestro que, ahora en la distancia, ya no nos parece tan importante.

Aprovechemos el tiempo y mantengámonos en contacto con los que nos importan, hagamos les saber que los queremos, que los echamos de menos y que estamos deseando volver a verlos. Planifiquemos nuestros próximos encuentros y reencuentros con ellos: cenas familiares, visitas a abuelos, cervezas con amigos,… retomemos lo que es verdaderamente importante, las personas. De esta forma, contribuiremos a hacer más felices a los demás y a nosotros mismos. Hagamos una sociedad más humana que nunca olvide sus valores o, de lo contrario, esa sociedad sufrirá de soledad e infelicidad por no haberse dado cuenta de que, en realidad,  lo más importante son los otros.


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